«CASA DE CASAS – BANCA DE CASAS» o «CASA DE ARRIBA».-

La «Casa de Casas» importante naviera ribadenses, en la época del esplendor de la vela y su «Banca de Casas», también era conocida por «Casa de Arriba», antes de la Guerra Civil, debido a la situación de España y el nerviosismo de la familia Casas, llevo a la quiebra del banco , con las consecuencias perdidas de ahorros y propiedades de muchos ribadenses. Pasados los años, se supo, que la quiebra se hubiera podido evitar

No hace mucho tiempo he localizado un manuscrito de un ribadense, perteneciente a una familia que tenia muchas vinculaciones con los Casas, y el detalla la vida diaria en la «Casa de Arriba».

Algún día espero poder publicar dicho escrito, ya que es parte de la historia de nuestro Ribadeo, aunque hoy en día creo, que a casi nadie le interesa la historia de los Casas. De momento, voy a publicar algún párrafo aquí, por si es de vuestro interes.

¿Cuando estuve por primera vez en la casa de los Casas? Exactamente no lo sé pero debió ser en la tierna infancia, por que la recuerdo siempre.

«Cuadro en relieve con barquitos de vela; fanales de música con molinos que giran; trenes pasan y balandras balanceándose en un mar de papel azul; una pajarera enorme con centenares de canarios y jilgueros; loros, papagayos; una catala filipina, un mono saltarin… son cosas que no se despistan fácilmente en la mente de un niño. Aparte de ello unos salones enormes que se me ocurrían misteriosos, con cortinados de damasco amarillo y muebles de caoba y roble de grandes dimensiones, arcones, bargueños, un gran piano de cola, una chimenea con sus bronces relucientes y encima de ella el retrato del bisabuelo atrayente y como embrujado, con una mirada fija que parecía venir del otro mundo, eran cosas todas que me impresionaban y hacían volar mi imaginación de niño. Probablemente estuve en la casa el año o años anteriores a la primera guerra mundial, en uno de nuestros viajes. Mi padre, ligado por vínculos familiares y afectivos a la tierra que le vio nacer, hacia frecuentes viajes que titulaba «de descanso» y en compañía de mi madre y hermanos, atravesábamos el Atlántico con relativa frecuencia» .

«Terminada la guerra volvimos allí, con carácter definitivo y fue entonces cuando descubrí los personajes de aquella casa. Hasta entonces solo habían sido para mi figuras vestidas de negro que competían al hablar de loros y papagayos, que nos daban a mi y a mis hermanos bombones y galletitas y acariciaban continuamente nuestras cabezas».

«Un tío anciano de mi padre, «tío Ramón», era un Indiano nacido en Ribadeo, como mi padre , y que acudía a pasar temporadas veraniegas. Hombre adinerado, de carácter afable y cariñoso que gozaba de mucho prestigio. Dadivoso con los pobres, el 31 de agosto día de su onomástica, repartía a manos llenas limosnas a todos aquellos que acudían a la puerta de su casa. Ese día era menester acompañarle a la Banca de Casas, para ayudarle traer las monedas de plata que necesitaba. Por el camino, todo el mundo saludaba al Indiano y cada tantos metros, nos deteníamos».

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